EL ARTE DE CELEBRARSE
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El arte de celebrarse
Diciembre tiene algo especial. Las ciudades se iluminan, la agenda se acelera y, casi sin darnos cuenta, entramos en un mes que no solo cierra un ciclo: nos invita a celebrarnos. Porque, aunque a veces lo olvidemos, el entorno influye profundamente en nuestra imagen y en cómo nos presentamos ante la vida. Y lo mejor —y lo peor— es que cuando no controlamos nuestro atuendo, es él quien termina controlándonos.
Lo más curioso del arreglo personal es que, hagamos lo que hagamos, siempre comunicamos algo. La pregunta no es si emitimos mensajes, sino si tenemos claro qué queremos decir. Y diciembre, con su mezcla de magia y vértigo, es el momento perfecto para decidirlo con intención.
Con las fiestas llega el deseo de estar a la altura de cada encuentro, de vivirlos con ilusión y elegancia, y de convertirlos en recuerdos agradables. Por eso, antes de que empiece la vorágine, te propongo algunas ideas sencillas para bajar presión y disfrutar más, celebrando no solo las ocasiones… sino también tu propia presencia.
Celébrate celebrando. Cuando confirmas tu asistencia a un evento, empieza algo más que una cita: empieza un pequeño ritual. Primero el detalle o presente, si corresponde: define presupuesto, piensa en la persona y evita esperar al último momento. Después, el plan de imagen.
Decide con claridad el grado de arreglo que requiere la ocasión. La discreción solo funciona cuando es intencional, no cuando nace del miedo a brillar. La ciudad se ha vuelto muy informal, sí, pero diciembre no pide grisura: pide magia. Hay demasiadas estrellas que se apagan sin querer; no seas una de ellas.
Si el encuentro es familiar o entre amigos, dale la vuelta a la tendencia de homogenización: mostrar que te has arreglado es una forma preciosa de decir importas. Arreglarte le habla a tu yo del valor que te das y a los tuyos del cariño que sientes.
Y recuerda: no es el lugar, es el momento. Da igual si la celebración es en un salón señorial o alrededor de una mesa sencilla. La magia la aportas tú. Eso sí, pon orden en la agenda: incluso los cafés informales requieren un toque de preparación. Un pequeño detalle, una nota, un gesto… A veces, la mejor muestra de afecto es simplemente el tiempo que dedicas a pensar en el otro.
¿Y la ropa? Estrenar empodera, y diciembre es la excusa perfecta para incorporar una pieza bonita que luego podrás transformar mil veces. Nuestra selección de fiesta apuesta por prendas versátiles, capaces de adaptarse a distintos grados de arreglo personal sin caer en el exceso ni en la obviedad.
Cada quien vive diciembre a su manera: cenas de empresa, reuniones familiares, encuentros formales o casuales. Lo importante es leer bien el protocolo de cada ocasión. Si no lo tienes claro, pregunta. Las dudas comunes siempre se repiten: “Quiero ir arreglada pero sin pasar frío”, “No quiero pasar calor”, “Quiero verme formal pero natural”, “Arreglada, pero sin parecer que quiero llamar la atención”, o mi favorita: “Quiero divertirme y que mi atuendo lo diga conmigo”.
Vestirse de fiesta, cuando se hace bien, es una de las expresiones más bonitas del amor propio. La ropa, el maquillaje, el perfume, el peinado y, sobre todo, la actitud, forman parte del lenguaje no verbal que habla por nosotros. Arreglarse comunica; no arreglarse, también. Y por eso es tan importante tener un plan.
En los últimos años, se ha confundido la ausencia de arreglo con un valor positivo. Pero la realidad es que los encuentros importantes son oportunidades para reconectar contigo, con tu identidad, con tu luz. Aprovecha para mostrar esa versión preciosa —y quizá inesperada— que aún guardas para ocasiones especiales.
Porque al final, celebrar es celebrarse. Y saber celebrarse —con intención, ilusión y una presencia que cuente tu historia— es, simplemente, Cuestión de Actitud.





1 comentario
Després de llegir el brillant article de Marta Folch, només em resta dir Si!!!
M’apunto a ser jo!!!
Gràcies
Angie