MAYO: LA CONSAGRACIÓN DEL ENTRETIEMPO
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Llegó mayo.
Algo que me repito cada media hora porque, honestamente, todavía no termino de creérmelo. Mayo llega con esa certeza absoluta de que la primavera ya no es discutible ni reversible. Y en mi caso, además, cierra con mi cumpleaños, una fecha que siempre he vivido como una pequeña puerta abierta hacia el verano moral.
Ese verano que aún no ha llegado del todo, porque el calendario insiste en que le faltan semanas, pero que ya parece estar aquí en los atardeceres largos, en el calor del mediodía, en las ganas de planes, de playa, de salidas al sol y de vestirnos con otra ligereza.
El verano, a veces, llega antes al corazón que al calendario.
Y este año mayo empieza fuerte. Comienza con el Día del Trabajador, que cae en viernes y abre uno de esos fines de semana que ya nacen con vocación de pequeño paréntesis. Y por si eso no fuera suficiente, se corona con el Día de la Madre, una fecha que representa a tantas de nuestras clientas: madres, hijas o ambas cosas a la vez.
Una fecha para celebrar, para agradecer, para acompañar… y también, por qué no decirlo, para mimarse un poco.
Porque hay regalos que vienen de fuera y otros que nacen de una misma. Ese auto-regalo tan acertado, ese mimo en forma de blusa nueva, de falda vaporosa o de vestido especial que no solo celebra el estilo, sino también el derecho a vivir con intensidad la llegada de los días más largos del año.
Los días en los que empieza a apetecer pisar la hierba con los pies descalzos, preparar un ramo de flores silvestres durante un paseo por el campo, improvisar una comida al sol o alargar la sobremesa hasta que la tarde se vuelve dorada. Momentos sencillos, casi domésticos, pero profundamente felices. Momentos que mayo empieza a devolvernos como si los hubiera estado guardando durante todo el invierno.
Sí, lo sabemos muy bien: hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo. Y aunque muchas llevamos semanas pensando que el calor ya está instalado, mayo todavía nos pide algo de prudencia. Es un mes precioso, de esos que conviene vivir día a día, saboreando sus cambios sin correr demasiado hacia lo que todavía no ha llegado.
Porque mayo no es solo la antesala del verano. Mayo es primavera en estado puro.
Es el momento ideal para hacer ese segundo cambio de armario: dejar atrás las mangas largas de alto gramaje, las chaquetas acolchadas, los vaqueros más oscuros y todo aquello que ya pesa visualmente. Pero sin guardar del todo las capas. Porque en la ciudad, especialmente cuando empieza el calor, convivimos con dos realidades: la calle y los interiores climatizados como si fueran pequeñas cámaras frigoríficas.
Muchas me lo decís cada año: “Marta, en la oficina me congelo en julio y agosto”.
Y os entiendo perfectamente. Durante mis años en el trópico siempre llevaba una chaqueta de emergencia en el coche. Porque podías entrar en cualquier lugar donde, mientras fuera el asfalto ardía, dentro alguien había decidido poner el aire acondicionado a dieciséis grados.
Así que sí, vamos derechitas al calor. Pero los contrastes no van a desaparecer.
Por eso mayo pide un armario más ligero, más fresco y más luminoso, pero también inteligente. Es momento de dejar en primera línea las prendas marineras, los linos, los algodones, las camisas de manga corta, las faldas con vuelo, los vestidos fluidos y todo aquello que ya nos habla de verano. Pero conviene tener cerca también un cárdigan fino, una parka ligera, una cazadora denim o un blazer de lino o algodón.
Seguiremos vistiendo por capas. Más frescas, más suaves, más libres, pero capas al fin y al cabo.
Quizá uno de los cambios más bonitos de mayo sea la llegada de la sandalia. Los pies, después de meses cautivos entre bailarinas, sneakers, botines y merceditas, empiezan a reclamar su libertad. Y con ellos llega también otra manera de caminar, de vestir y de sentir la temporada.
Mayo nos invita a cambiar el gramaje del armario y también el ánimo. El punto de lino, el algodón, las faldas vaporosas, los vestidos que se mueven con el cuerpo, las camisas que apenas rozan la piel, las sandalias y los sombreros empiezan a ocupar su lugar natural.
Sí, es primavera. Pero la cuenta atrás hacia el solsticio ya ha empezado.
Y tal vez por eso mayo tiene algo tan especial: porque no nos exige correr hacia el verano, sino prepararnos para recibirlo. Con calma, con belleza, con sentido práctico y con esa mezcla de ilusión y prudencia que tan bien conocemos las mujeres que valen por dos.
Mayo es la consagración del entretiempo. El momento más bonito del año para quienes adoramos vestirnos por capas, jugar con los tejidos, aligerar colores y sentir que cada día trae una pequeña promesa de luz.
Saber disfrutarlo, como casi todo lo que importa, es cuestión de actitud.
6 comentarios
Me han entrado ganas de sandalias, lino y tardes al sol.